Cuando pensamos en la calidad del pellet, solemos fijarnos en el precio, el formato o la certificación. Pero hay un indicador mucho más inmediato, accesible y sorprendentemente fiable:
El olor.
Sí, algo tan simple como abrir un saco puede darte más información de la que imaginas.
¿Por qué el olor del pellet es tan revelador?
El pellet no es más que madera comprimida. Y como cualquier material natural, la madera tiene un aroma característico.
Un pellet de calidad debe oler a madera fresca, pino o serrín recién cortado. En nuestra fábrica de Sanchonuño, procesamos madera de pino 100% descortezada. La clave está en la lignina: un polímero natural presente en las paredes celulares de la madera que, al someterse a altas presiones y temperatura en nuestras prensas, se funde y actúa como un pegamento natural.
¿Por qué es una curiosidad? Porque si un pellet huele a “pegamento”, a pintura o tiene un aroma agrio, es una señal de alerta. Probablemente contenga restos de maderas recicladas (muebles, pallets viejos) o aditivos químicos para compactarlo.
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