Estamos a principios de junio y España ya lleva 30.229 hectáreas quemadas en 2026. Casi el cuádruple que en el mismo periodo del año pasado. El verano aún no ha empezado.

Son datos del Sistema Europeo de Información sobre Incendios Forestales (EFFIS), publicados esta semana. Y doblan con creces la media histórica del mismo periodo entre 2006 y 2025, que se situaban en 13.160 hectáreas. El año pasado, para tener una referencia, España cerró con 393.079 hectáreas quemadas en total.

Cada año llegan las mismas imágenes. Columna de humo, helicópteros, hectáreas arrasadas. Y cada verano, después de que se apaguen las llamas, se habla de los mismos temas: medios de extinción, voluntarios, cambio climático. Lo que casi nunca se menciona es lo que ocurre antes. O lo que ocurre cuando alguien lleva años cuidando el monte.

Un bosque sin cuidado es un bosque en riesgo

Existe una idea muy extendida de que los montes se abandonan. Que dejarlo sin intervención es sinónimo de respetarlo. Es un error que tiene consecuencias graves. Un bosque denso y sin gestión acumula combustible: ramas secas, sotobosque espeso, madera muerta en el suelo. Cuando el fuego entra en ese tipo de masa forestal, encuentra las condiciones perfectas para propagarse rápido y con intensidad. No hay freno. No hay espacios aclarados que ralenticen el avance.

Un monte bien gestionado funciona de otra manera. Las claras y los desbroces reducen la carga de material combustible. El fuego avanza más despacio, con menor intensidad, y da más margen para actuar. Y cuando pasa lo peor, la recuperación es más rápida porque el suelo y la estructura del bosque están en mejor estado.

La gestión forestal responsable no es una actividad opuesta a la conservación. Es parte de ella.

Lo que hace el equipo forestal de Naturpellet

En Naturpellet trabajamos con pino pinaster de montes nacionales, y tenemos un equipo forestal propio que trabaja en el monte durante todo el año. No solo en época de extracción. Todo el año.

Su trabajo incluye revisar el estado de las masas forestales, planificar los aprovechamientos, controlar y asegurarse de que en ningún momento se extrae más de lo que el monte pueda generar. Después de cada intervención, el bosque sigue vivo y el ecosistema en equilibrio.

Los restos de la tala tampoco se abandonan. Se recogen y se aprovechan como combustible en nuestros hornos de secado. Nada se tira. Todo el proceso, de principio a fin, está pensado para ser lo más limpio posible.

Para que esto no se quede en palabras, trabajamos con certificaciones PEFC, un estándar internacional que audita de forma independiente que la gestión forestal cumple los criterios de sostenibilidad. Ese certificado aparece en todos nuestros sacos.

El pellet como resultado de un monte cuidado

Hay una conexión directa entre el trabajo del equipo forestal y el pellet que llega a tu estufa.

La madera que usamos como materia prima viene de montes con plan de gestión. Eso significa que cada árbol aprovechado forma parte de un ciclo controlado: se interviene donde hace falta, se deja creces donde corresponde, y el monte se mantiene sano. La madera que se extrae se transforme en pellet ENplus A1, con los estándares de calidad y eficiencia más altos del mercado europeo.

Un pellet que viene de un monte gestionado de forma responsable tiene una huella muy distinta a uno procedente de extracción sin control. La certificación ENplus A1 garantiza la calidad del producto. La certificación PEFC garantiza el origen.

Cuando calientas tu casa con Naturpellet, no estás solo comprando calor. Estás formando parte de un ciclo que mantiene el monte vivo, reduce el riesgo de incendios y apoya la economía rural de Castilla y León.

Eso es lo que significa, para nosotros, energía renovable de verdad.

 

Fuente de datos: Sistema Europeo de Información sobre Incendios Forestales (EFFIS / Copernicus), junio 2026.